17 de octubre de 2007

ARRIESGAR


Cuando amamos sin esperanza, cuando nuestro sentir no encuentra el eco que esperamos, el desgarro y la rotura se instala de repente en lo más íntimo, en lo más adentro, en ese espacio invisible y oculto que dirige, encamina y alimenta toda nuestra vida.


Una callada desesperación se apodera de la vida, de nuestra existencia, empezamos a enloquecer de ansia, de desasosiego, de pena y de una inexplicable agonía que nos dificulta el querer seguir en esta vida que ahora, en estos momentos, carece de sentido. Surge una sed desesperada, una ansiedad descontrolada, una irrefrenable necesidad de saber ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué otra vez? ¿por qué a mí?, una infinidad de interrogantes que no tienen respuesta, un sinfín de cuestiones que no hallan palabras que calmen esa sed, esa agonía, algo que aminore ese dolor que nos asfixia. Y empezamos a devorar libros, a buscar aquí y allí… donde sea, algo que nos asista en ese caos. Buscamos, hablamos, y seguimos buscando ¡pero no! no hay una respuesta clara, no hay una solución rápida, sólo hay que aceptar… aceptar lo que nos está sucediendo, lo que estamos viviendo, aceptar ese dolor y esperar que el tiempo nos cure.

Transcurren así los días y tímidamente asumimos, con rabia, con furia, esa dura realidad. ¡Qué difícil es aceptar!, pero está claro que no podemos seguir con el corazón desgarrado y sufriente ante un amor desesperanzado. Hay que encontrar lo bueno, lo hermoso, lo bello de todo esto que nos está sucediendo.

A mí se me ocurrido pensar que lo más hermoso es sentir la magia y el encanto de haber amado, de amar. Si evitamos, si renunciamos, si deseamos olvidar que lo sentido, que lo amado no ha existido o deseamos no haberlo vivido, perdemos la dulce experiencia de esos breves momentos en los que nos hemos sentido transportados a la felicidad, a la cima del sentir, a vibrar ante el ser querido. Quizás ha sido breve ¡es cierto!, quizás el desamor, la ausencia o el dolor ha sido superior a la dicha vivida ¡es verdad!, pero la vida tiene sentido cuando experimentamos esos momentos álgidos que se despliegan desde dentro, en busca del ser amado.

El amor para ser vivido, para ser compartido lleva consigo su otra cara, la de la ausencia o la del desamor. Pero sólo arriesgando tiene sentido la vida.

2 divagaron conmigo:

Currican dijo...

Un diario increible,
breve en el tiempo
pero sincero.

Optimismo y dolor
pasión y deseo.

Me gusta estos dias
de descubrimientos

¡te seguiré leyendo!

Un saludo

Clair de Lune dijo...

Saludos María, esta mañana he leído con sorpresa el comentario que dejaste en mi blog. He de decir que me alegra que haya gente que caiga en esa web por azar (no estoy segura, pero creo que es tu caso. Quisiera invitarte a continuar leyendo mis entradas, al igual que si me lo permites yo leeré las tuyas, ya que lo que he leído hasta ahora me ha gustado mucho.

Muy buenos días,

Clair de Lune