11 de octubre de 2007

LA ESPERANZA DE LA SOLEDAD

Siempre me ha gustado diferenciar el vivir solo, del vivir en soledad. Mucha gente vive en compañía de más personas y puede sin embargo sentirse totalmente sola, y otros pueden vivir solos y su vida estar llena de vida.

Nunca podemos presumir de una u otra soledad en forma categórica, porque tarde o temprano su aparición puede asolar sin remedio nuestra vida.

La soledad puede aportarnos mucho si sabemos convivir con ella. Ya sea en el momento en que aparezca, o cuando nos instalemos en ella por cualquier circunstancia.

La soledad hay que aceptarla, sin más, porque ella es manifestación también de vida.
La soledad hay que asumirla, sin más, porque ella es presente en la existencia.
La soledad hay que acogerla, sin más, porque a través de ella se asienta el cambio, nacen las nuevas adquisiciones y el olvido de viejos conceptos.

Las épocas de soledad son como de trasiego, de traslado, de tránsito a nuevos y diferentes aspectos, aires y miradas de la vida que nacen a partir de este ahora. La soledad nos da la ocasión de vernos a nosotros mismos, ver la realidad que somos, conocernos mejor, ver nuestra necesidad y nuestro camino.

En este instante, en este ahora que cruza mi vida, quiero recibirla con esperanza, con cierta ilusión, con cierta sorpresa. Reconozco que en estos momentos, la llevo conmigo como una losa que dificulta mi camino y mi paso, a pesar de todo quiero encontrar el entendimiento con ella para que me prepare y me curta lo suficiente para recibir el próximo instante que me toca vivir.

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