21 de octubre de 2007

ME INSPIRÁIS

AURELIO Y CRISTINA, un hallazgo.

Conocidos, ligeramente vistos. Un viaje, un encuentro… y el regalo de un hallazgo.

La vida es sorpresiva. Cuando las circunstancias nos facilitan un encuentro, unas horas por compartir, acogemos inicialmente el momento bajo nuestro estado de ánimo o nuestro breve conocimiento de aquellos con quien vamos a compartir. Las palabras iniciales, quizás las de rigor, se inician mientras buscamos un lugar, un bar, una cafetería, una tasca… algún lugar donde transcurrir ese espacio brevemente acordado. El comienzo a veces torpe, es imaginativo, pero pronto iniciamos el tema que nos ha unido y lentamente, mezclados en esa cuestión, vamos desgranando nuestras peculiaridades, nuestros pequeños trazos personales, nuestra comprensión, nuestra opinión y sin saber cómo vamos hallando el eco del otro, vamos encontrando similitudes que nos sorprenden y opiniones que nos agradan, o quizás no? pero nos dan pie al diálogo placentero, incitan a la curiosidad del otro, promueven la abertura del intercambio, acercan… el alma al alma. Y el tiempo se sucede y aquellos conocidos, ligeramente vistos que se nos antojaban quizás lejanos, les hallamos cercanos, les sentimos próximos, notamos como abrazan nuestra comprensión, como comparten aspectos y conceptos de la vida, del entender, del aceptar y del vivir. Y aquel espacio, aquel intervalo de tiempo que estamos viviendo, abre un acercamiento y una sintonía que da paso a sentir… que el otro es ya próximo.

La vida es sorpresiva. La sorpresa que nos otorga la misma vida cuando sin abrazar ninguna meta nos acerca al calor del otro, a la escucha y a las palabras del otro, cuando nos permitimos vivir ese espacio que nos ofrece el encuentro con el otro.

Vivimos, sentimos, y nos damos cuenta, que la vida, nuestra vida, puede ser algo más que nuestras preocupaciones, nuestros deseos, nuestros anhelos, proyectos y ansias personales. El mundo tiene en sí más belleza y más calor para darnos, cuando cedemos a la vida que nos rodea, al entorno que nos circunda, entrar en la tierra que somos cada uno de nosotros.

3 divagaron conmigo:

Currican dijo...

...

La comunicación
quizás sea el único camino
que tiene el sapiens
para reencontrarse a sí mismo

acaso la imaginación...

pero esta se muestra

¡Tan lejana!
¡Tan falta de razón!
¡Tan atrapada en el propio ser!

....

MARIA dijo...

La comunicación, esa que surge inesperadamente, la que surge sin ser buscada, esa que aparece... así, sin más... es ¡sencillamente deliciosa!

Currican dijo...

...

Como un regalo, si,
inesperado

en este caso que comentas
la comunicación
nacida sin intereses,
fluye libre,
sin juicios previos,
como un porque sí,

y así continúa,

la empatía hace el resto,
reforzando el entendimiento.

Evidentemente se puede aprender
de la belleza de ese momento.

Se puede extraer
la dificultad del diálogo
cuando el "YO"
de los interlocutores
stá por delante
o bien...
cuando la conversación
YA está dirijida.

...

Si no hay sorpresa
no hay emoción.

...