4 de noviembre de 2007

AHORA

Ahora. El ahora es el momento más importante de nuestra vida, porque el ayer es algo que ya pasó y el futuro no existe. El ahora es nuestra mayor riqueza.

¿Pero qué sucede? ¿Por qué no somos capaces de vivir el momento presente como algo único y especial?

Para mí la respuesta es bastante sencilla. Cuando se habla de la vida, de la existencia, siempre se suele decir o solemos oír que hay que mirar al horizonte, siempre hacia al frente, hacia lo que nos aguarda y que a su vez desconocemos. Esa esperanza y esa vida que nos espera es la que nos ha de empujar a mirar hacia delante, hacia lo que nos aguarda.

El presente es lo único que tenemos, es de lo único que libremente podemos disponer en este instante, pero este ahora es un tiempo que lleva consigo el rastro de otros momentos, de otros ahoras que ya pasaron y que no podemos cambiar. Es evidente que ahora somos la consecuencia de nuestro ayer e indiscutiblemente ese ayer dejó en nosotros sus huellas, sus marcas, sus heridas y sus pasos, muchos de ellos imborrables y algunos otros posiblemente imperceptibles, es decir, que de algunas cosas puede que no seamos conscientes de sus huellas, pero están ahí, dentro de nosotros, y de una forma u otra influyen, modifican y está claro, que condicionan y determinan nuestro presente, nuestro ahora.

¿Qué es lo que podemos libremente disponer de nuestro presente?

Cada uno de nosotros tiene una forma de ser, unos criterios, unos códigos propios, una especie de pautas de conducta, de pensamiento, de juicios o de sabiduría que adquirimos en el propio transcurrir, en el pasar del tiempo y a través de distintas fuentes. La libertad del momento nos ofrece la posibilidad de modificar o cambiar algunos de los criterios que integran nuestro ser y continuar con los que nos parecen correctos, el ahora nos permite, en cierta forma, volver sobre esos pasos de conducta y de pensamiento que por un motivo u otro sabemos o intuimos que son como escollos en nuestro caminar. Sabemos y conocemos lo que hay en nosotros, esas tendencias a ser de una manera u otra, porque cada uno es singular, individual. La libertad de este ahora nos da como la oportunidad de mejorar y/o cambiar estos matices de nuestro ser y sino podemos cambiarlos por lo menos sí aceptarlos.

Por eso, también yo creo que debemos mirar hacia el horizonte, aprovechando la oportunidad de este momento. Aunque reconozco que en ocasiones, es necesaria una gran dosis de optimismo, de aceptación y de positivismo en acoger y disponer de este instante presente, sea del color que sea, cueste lo que cueste y nos dé lo que nos dé. Y por supuesto una gran fuerza de voluntad para cambiar aquello que queremos cambiar.

Creo que una buena forma de hacerlo es acogiéndose uno a si mismo, con sus lastres, sus virtudes, sus defectos y sus buenas proposiciones y mirar siempre adelante.

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