22 de noviembre de 2007

ENSIMISMARSE CON LA VIDA

Tendemos los humanos a querer dirigir nuestra vida, siempre que podemos -y sino también-, buscamos orientarla, administrarla y encaminarla según nuestros pensamientos, deseos y características. Pero realmente no nos conocemos, sabemos alguna cosa, nos detectamos ciertos defectos, algunas virtudes, dudables reacciones, y quizás una manera de ser… pero en verdad nos conocemos poco, muy poco.

Las personas que por inquietudes propias cavamos en nuestra propia tierra, en nuestro interior, escudriñamos en el pensamiento y en el sentir, nos damos cuenta de que somos realmente extraños para nosotros mismos. Sentimos lo que no esperamos, pensamos lo que no deseamos y vivimos guiándonos por unas pautas que nos hemos establecido. El paso de los días nos muestra que nuestros planes y nuestros designios en nosotros mismos, no son tan efectivos como creímos en un principio. Somos micromundos en una sociedad desconocida y en muchas ocasiones aliena a nosotros mismos. Vivimos deseando ser o queriendo ser parte de lo que nos rodea, acomodarnos a lo fácil, olvidarnos de los fantasmas que nos merodean y no nos abandonan, y entre la lucha por la adaptación y el ruido de nuestras inquietudes, caminamos la vida perdiéndonos la sorpresa, las dádivas y la belleza con que nos cruzamos o que se nos da, pero que no vemos.

Nadie tiene ese maravilloso elixir para vivir la vida en su esplendor, nadie posee la increíble fórmula para sentir la plenitud, nadie puede mostrarnos el camino que hemos de seguir. Pero sí hay voces, a veces son susurros imperceptibles que nos hablan a través del día a día, del momento a momento, o quizá sólo de vez en cuando, pero nosotros nos hallamos ofuscados con nuestros proyectos de vida, seducidos por nuestros nuevos propósitos, hechizados por nuestros “avances” en el conocimiento de nosotros mismos, que nos hacen padecer sordera.

Creo que la cosa es mucho más sencilla, la vida nos ha sido dada, la existencia nos ha sido regalada y en ese preciado obsequio, se nos ha añadido un alma desconocida y un pensamiento luminoso, pero no para las grandes cavilaciones y propósitos que nosotros elucubremos para dirigirnos, sino para que todo ese pack que nos ha sido dado, simplemente lo vivamos y lo vivamos en lo que nos encontremos, aquello que hallamos en nuestro caminar y gocemos de esos encuentros y de esos momentos por el simple hecho de vivirlos. El alma reconoce esos instantes, pero el pensamiento se vuelve egocéntrico y busca dominarlos, manipularlos, doblegarlos a través de los deseos, anhelos, ambiciones, pretensiones… con el único propósito de servir a nuestras directrices.

Pienso que la mejor felicidad es aceptar aquello que la vida nos dé, sea lo que sea, venga de donde venga, dejar que la vida nos llene, y en ese llenarnos nos ensimisme de sus colores, de sus aromas y de sus abrazos. A veces todo puede ser tan sencillo como simplemente vivir la vida y dejar que la vida nos viva.

2 divagaron conmigo:

Currican dijo...

...

"Nadie tiene ese maravilloso elixir para vivir la vida en su esplendor, nadie posee la increíble fórmula para sentir la plenitud, nadie puede mostrarnos el camino que hemos de seguir. Pero sí hay voces, a veces son susurros imperceptibles que nos hablan..."

... Que nos insinuan, que la mejor felicicidad, no, no es solo aceptar, ni negar, ni esperar que nos llene, ni sentir que nos vacía,

que la mayor felicidad, la provee, la mayor locura, indecible, el sentimientiento supremo...

que nos invita a aprender a amar cada momento, cada instante, sea el que sea, como si fuera el unico, el último, el primero, condenado a retornar... ¡eternamente!.

Discupe que hoy las musas no se hayan acordado de mi.

...

MARIA dijo...

No necesitas las musas, amigo. Las palabras de tu mensaje nos llegan desde ese sentimiento supremo que es la misma vida.

Esas voces o susurros que nos llegan, nos invitan a amar la vida, nos incitan a la locura de existir y existir sin límite, porque al fin y al cabo, los límites nos los ponemos nosotros, a través de nuestros afanes y delirios de ser más y tener más.

La vida pide poco: sólo VIVIRLA.

Vivirla ¡Eternamente! tenemos toda nuestra eternidad.