miércoles, noviembre 7

LOS RETOS DE LA VIDA


La vida nos sorprende de vez en cuando con acontecimientos inesperados, a los que tenemos distintas formas de responder, todo depende del tipo de acontecimiento. Si es agradable, sorpresivo y sin consecuencias, pues perfecto, pero la cuestión se plantea en el momento en que lo inesperado va desencadenando situaciones diversas, sentimientos variables o cambios de costumbres.

Hay distintas posiciones en esos períodos de alteración, uno de ellos es cuando nos cuestionamos el por qué de las cosas, nos cuestionamos también si el hecho de que sucedan tiene sentido, o si la casualidad existe o no existe, es decir, se inicia una retahíla de preguntas e interrogantes que irán surgiendo según sea la manera de ser o la necesidad de respuestas, de cada uno.

Mi propósito, al centrarme en el hecho de hallar respuestas a nuestros interrogantes ante lo inesperado de la vida, es si la casualidad existe o no.

Yo me he hecho, en los últimos tiempos, muchas veces esa pregunta sobre la casualidad. Por distintas influencias, definiciones o creencias tiendo a pensar que la casualidad no existe. Lo cual me parece tremendo, porque si la casualidad no existe, entonces nuestra vida está “predeterminada”, y si es así, es lógico pensar que hagamos lo que hagamos no sirve de mucho.

A veces, tenemos como la sensación de que independientemente de lo que hagamos, lo que tiene que suceder, sucede. Sin más. Sin saber cómo ni de qué manera, las cosas suceden. Hay como un cruce de situaciones inesperadas e imprevistas que provocan impensablemente unos determinados sucesos.

Si las cosas y los hechos no suceden por casualidad ¿qué sentido tiene que la vida nos ofrezca o nos dé a vivir una u otra situación?
¿Cómo es posible que suceda tal hecho o tal coincidencia ante una situación quizás infrecuente en nuestras costumbres diarias?
Y así comienza todo un itinerario de inquietudes, de interrogantes, de preguntas y suposiciones de las cuales nunca hallaremos una respuesta clara y única, porque no hay lugar de comprobación, ni pruebas concisas que nos demuestren nada. Es labor de cada uno desmenuzar el sentido, el propósito o las causas de lo sucedido.

Por experiencia vivida creo que los sucesos en nuestra vida, cada uno de nosotros le proyecta un fin determinado, que no necesariamente es el fin que la misma vida nos tiene (parece ser) reservado, lo cual provoca que aparezcan las preguntas y los interrogantes, incluso más cuando detectamos que, independientemente de esa no-coincidencia entre lo esperado y la realidad, nos provoca ciertos cambios, alguna modificación o alguna alteración en nuestro día a día, en nuestra forma de ser.

Pongamos algunos de los ejemplos más típicos: un amor no correspondido, un trabajo laboral ingrato, la pérdida de un ser querido, un malentendido, un encuentro, un accidente… Son cambios o sucesos a veces bruscos, inesperados, que dan a nuestra vida giros e inestabilidades. Con el pasar de los días, comienza un proceso de readaptación y vamos percibiendo que nuestra vida ha sufrido alteraciones, cambios quizás de pequeñas cosas, modificación de ciertas costumbres… y en otros casos son motivo de cambios radicales. Todos ellos, impensables con anterioridad a lo sucedido, quizás porque nosotros no habríamos tenido ni la fuerza, ni la valentía para ejercitar ese cambio o para liberarnos de ciertas ataduras y muy posiblemente ni se nos habría ocurrido la posibilidad a la que ha dado lugar.

Si la causa es dura y difícil en nuestro ánimo y en nuestra vida, al principio sólo experimentamos el dolor que nos provoca el cambio o la pérdida, pero quizás pasado el tiempo nos damos cuenta que ha sido necesario aquel suceso y, que lo sucedido, ha sido el detonante para despertar en nosotros esas otras posibilidades no previstas o aletargadas.

Nuestra postura delante de la vida, a partir de esos sucesos, muchas veces, depende de donde nos quedamos atrapados. Si lo hacemos desde la pérdida, desde la insatisfacción, desde el dolor, la vida se convierte en hastío, tristeza y depresión. Sin embargo, si pasado el momento de impacto, calmadas nuestras rebeldías y nuestra oposición, aceptamos e intentamos buscar, a nuestra manera, a nuestra forma o en la medida de nuestras capacidades, el significado de lo ocurrido, ver lo positivo y seguir con nuestra andadura, es muy posible y con bastante certeza, que encontraremos alguna respuesta, algún sentido y asumiremos el cambio en nuestra vida, hallando un significado a nuestros por qué iniciales. Bien es cierto que las cosas no siempre son agradables y fáciles, y que si previamente nos hubieran dado a elegir, ni remotamente hubiéramos escogido el cambio, pero una posición optimista, abierta, o mínimamente de aceptación ante los sucesos, nos permite descubrir rasgos, matices e incluso avances en nosotros y en nuestra vida. Quizás no sean grandes cambios, ni sean grandes hechos, pero la vida no está hecha de maravillosos eventos y giros espectaculares, sino de pequeños instantes que llenan, nos hacen caminar y dan sentido a nuestro existir.

Si la casualidad no existe, significa que hay una cierta determinación en nuestro camino, pero al mismo tiempo me parece que, sí está en nuestras manos, en nuestra disposición, el coraje, la fortaleza, el valor y la voluntad de asumir los retos que la vida nos impone y es a través de las distintas vicisitudes de nuestra vida, que nuestro ser se va encontrando en el camino, aquello que le permite modificar y encaminar su destino. No sé si predestinado o no.

10 divagaron conmigo:

Currican dijo...

...

Un sueño absurdo
es creer
que las cosas
están quietas.

Estoy limitado
para observar
los pequeños cambios
que se suceden
y es sólo cuando
soy capaz de entender algo
que descubro su existencia.

Y es que la vida en ocasiones
parece hacer regalos.

Pongamos que hay mil tesoros
que encontrar
pero solo puedo anticipar
la existencia de unos pocos
aquellos de los que ya
tengo los planos.

Es la inesactitud de los planos
la que me lleva
a buscar en el lugar equivocado
y es el hazar
el que hizo
que justo allí
hubiese un tesoro escondido.

Es la cosa de buscar...
que siempre se encuentra algo
incluso
¡lo que no se quiere encontrar!.

...

Un saludo

MARIA dijo...

Estoy de acuerdo en que estamos limitados para observar los pequeños cambios, pero también es cierto que la misma vida te los hace entender seas o no capaz, estés o no preparado para ello. También se suele decir que Dios no da más carga de la que puedes llevar.

Me hablas de “los planos que ya tengo” ¿de dónde has sacado esos planos? ¿quién te los ha dado?....
Quizás fue ¿el destino? ¿los tienes por casualidad? Y si es así, ¿son realmente los tuyos?



Qué te parece interpretarlo en la línea en que lo escribí:
•Los planos que cada uno tenemos es el destino
•La inexactitud de la búsqueda es nuestra manera de vivir, de ver la vida, de ser en la vida, de entender la vida…
(y como sigo pensando que la casualidad no existe, incluyo también el azar)
•Y el tesoro que encontramos depende de nuestra respuesta ante el hallazgo.

El tesoro es una sorpresa. Las sorpresas dependen de cómo uno las reciba, del momento en que las reciba… y del tipo de sorpresa.

Gracias por tus elaborados comentarios.

Currican dijo...

Veamos, a tí, como a otros muchos, como me sucedió tambien a mí, nos infectó el virus de la razón, pero eso no basta, ese virus debe producir placer, reiteradamente, ante una miriada de situaciones distintas, para que no sea expulsado por los anticuerpos de la vulgaridad.

Elevar el pensamiento a un estado superior a la simple aceptación de que las cosas son así por que sí, que no vale la pena pensar en nada o que nada que no sea lo material merece un pequeño esfuerzo, lleva un largo trabajo.

Y posiblemente comience con un acto de fé, creer en la razón.

Hasta donde te pueda llevar es quizás lo menos importante, al solucionar una cosa con frecuencia aparecen nuevas preguntas y en ocasiones descubrimos algo que nos hace tener que "volver a empezar".

No importa, el ejercicio es sano, la mente aprende a ser dirigida, a estar disciplinada, a ver nuevos matices, en definitiva, lo trivial no nos produce ningún encanto, ningún apasionamiento. Necesitamos buscarle los tres pies al gato y si no hay gato, lo inventamos.

Es por eso que que hay más sorpresas, más tesoros, e incluso dejamos escapar muchos de ellos, por el mero hecho de carecer de tiempo o energía. Pero tambien vemos muchos a los que nos gustaría llegar y no llegamos. ¡Seamos humildes!

Lo que no ofrece ninguna duda, a lo largo de la humanidad ha sido así, es que solo vemos lo que estamos preparados para ver.

Si te regalo un objeto del que desconoces su función o propósito, sencillamente lo encontrarás inútil, pudiera ser bello o feo, pero en definitiva inutil.

Que no hay azar...

No sé, quizá mi ego me lo prohiba, pero me viene al recuerdo aquello que se comenta en mecánica cuántica de que Dios no solo juega a los dados sino que además los tira donde no puede verlos.

Es un guiño.

Quiero creer que soy libre, capaz, dueño de mi voluntad, antes incluso de aceptar ningúna ética.

Influyendo en mi pensamiento, viendo mis respuestas primarias y rectificandolas me siento libre. Juego conmigo mismo. Como jugaría un ratón con un gato.

Al menos tengo la seguridad de que estoy vivo y algo me conozco.

Si todo está escrito... ¿que sentido tiene la existencia?


Los desvaríos, pues... eso, son como consecuencia de la fiebre que produce el virus. ¿no?

;-D

MARIA dijo...

Déjame que te conteste sólo esta frase, en otro momento te amplio el comentario.

“Y posiblemente comience con un acto de fe, creer en la razón”

Bien dices con “posiblemente” porque yo no creo en la razón por fe, sino por un discurrir, por un razonar, por un ir enlazando conceptos, maneras de pensar, tradición, conocimiento o por lo que sea, pero procuro que nunca sea porqué sí o porque desconozca algunos elementos, si no los tengo los busco, los indago pero me muevo hacia algún lugar donde pueda hallarlos.

Por fe es lo que proviene del corazón. Cuando hay un sentir no hay razones que valgan, ni raciocinios que me convenzan de lo contrario. Sólo el tiempo podrá ganar la batalla. Lo siento, lo vivo, palpita y no hay razón que me explique porque lo siento, lo vivo o porque mi corazón late.

Currican dijo...

En la antiguedad de la que todavía nos nutrimos, logos significaba tanto palabra como razón.

El uso de logos como palabra no era en sentido gramatical, sino en el sentido de uso, se extendía ampliamente, desde la sencilla conversación a las conversaciones "técnicas" e incluso al "significado" de tales conversaciones.

En ese mismo tiempo logos era usado como razón cubriendo a la vez muchos más significados de los que pueden ser interesantes mencionar la facultad de razonar, de argumentar. El ejercicio de esa facultad, los actos de juicio y de razonamiento.

Otro sentido en el que se utilizaba era el de significar los resultados de esos actos de razonamiento, o lo que es lo mismo, las "opiniones" que uno tiene y la explicación las mismas.

Las razones que se dan de una opinión pueden entenderse así como razones de ser de la cosa discutida, con lo que adquiere el significado de fundamento real de las cosas.

Menciono todo esto ya que parece existir una correlación entre la evolución cultural de las sociedades y la de los individuos. (Somos en gran parte, la cultura que bebemos y hasta donde la podemos entender, (y ¡mezclada con los impulsos naturales!)

Hoy, inmersos en un mundo en el que la técnica parece poderlo todo, si se le suministran los medios (capital) adecuados, olvidamos que en el curso de la historia se ha llegado a separar la lógica (entendida como ciencia con nombre propio) de la matemática incluso. Y es que la lógica no es hoy sino la técnica que dirige a la razón para descubrir la verdad.

Y la lógica como ciencia, se basa en un acto de fé, (todo sistema axiomático tiene al menos una proposición que no puede afirmarse ni negarse (Kurt Gödel)), sólo uno sí, pero indemostrable por ella misma y a partir del cual se construye el resto. (¿No es un acto de fé?)

Pero no es a este nivel al que quería llegar.

A menudo, valga como ejemplo la pababra logos, damos demasiados significados a un término, haciéndose por ello inmanejables los razonamientos. Vemos que entramos en contradicciones, pero no sabemos bien el por qué.

A menudo obviamos aquella vieja idea de "divide y vencerás".

Una vez más, la genealogía, aceptar "lo particular de tal o cual situación" y tratarlas como tales puede ayudarnos más que intentar generalizar.

Y no es menos cierto que confundimos habitualmente el hecho de que razonamientos correctos implican verdades, y no, no lo son si partimos de premisas falsas. Esto por trivial se suele olvidar. Indagar en la veracidad de las premisas en ocasiones es imposible, he aquí que creerlas ciertas supone otro acto de fé.

MARIA dijo...

Me he quedado asombrada del desarrollo del término, no tengo elementos para comentarte todo ese conjunto de conclusiones que has expuesto. Mi comentario anterior hacía referencia solamente al vivir cotidiano, al día a día de todos y cada uno de nosotros, en el sentir más elemental del ser humano que es su vida, sus emociones, sus pensamientos, sus deseos, sus anhelos… en cómo yo digiero ese vivir a través de la “fe” porque no puedo demostrar aquello que siento, sencillamente lo siento y nada más.

Expresar y manifestar ese sentir interior no siempre es realizable cuando se traslada a la exterioridad, al mundo donde estamos todos, a la sociedad. Una exterioridad que tiene otros “sentires” como la tradición, la historia, las costumbres, las leyes, las normas… y es entonces cuando mi sentir busca en la razón, en lo más o menos común a todos, el sentido de ese choque entre mi interior y el exterior que me rodea.

MARIA dijo...

Comentario a esta frase: “Si todo está escrito... ¿que sentido tiene la existencia?”

Esta cuestión tiene mucho que decir pero seré breve. En ningún momento he dicho que todo está escrito, yo sólo he apuntado la posibilidad de que la casualidad no existe, las cosas que nos suceden, aquellas que cruzan y modifican o alteran nuestra vida podrían estar como determinadas, vendrían a ser como las líneas invisibles que, de alguna forma, dirigen o encaminan nuestra andadura por este mundo.

No creo que todo esté escrito, porque entonces todo sería bastante absurdo e incoherente, simplemente apunto la posibilidad de que sí hay como una dirección, un determinado camino en nuestro horizonte y que nosotros, ante esa perspectiva, conscientes o no, somos libres de elegir si lo caminamos o no. Quizá haya ocasiones en que no nos quede otro remedio, pero en muchas de ellas, en nuestra mano está la opción a elegir. Esas opciones o caminos que nos encontremos o que nos sean dados, son como las pautas generales o las líneas maestras, pero ese concepto de aplicar si la casualidad existe o no, yo no lo expresé hasta el punto de que sean determinantes en todos los aspectos, sino en los esenciales y básicos.

Currican dijo...

Si, estamos de acuerdo. Las culturas, a lo largo de la historia dejan su firma en los individuos, que habitualmente las acepta en una gran medida, las culturas suelen ser una respuesta adecuada al medio en ese momento de la historia, pero no cabe la menor duda de que su único fin es la sociedad, en global, no el individuo, en particular. Esa es su verdad, y siempre sujeta a una temporalidad.

Los individuos, mostrarán siempre un acuerdo o desacuerdo con ese medio en el que se desenvuelven, pero difícilmente pueden subsistir adecuadamente en un estado de oposición frontal a la cultura dominante.
Tienen otras verdades, en tanto que son "otras" existencias.

Lo observas con mucha claridad:

"...ese sentir interior no siempre es realizable cuando se traslada a la exterioridad, al mundo donde estamos todos, a la sociedad. Una exterioridad que tiene otros "sentires"..."

Acaso aquí la razón no tenga otra función que la de entender ese medio, pero no desde el punto de partida individual, no tiene sentido, sino desde el punto de vista de la historia. Esa historia que lleva al mundo a ser como es.

Existe evidentemente un choque de intereses, (se manifiesta con claridad en la adolescencia), entre lo social y lo individual.

La capacidad de adaptación y esa inteligencia que algunos denominan "emocional" es la que permite al individuo desarrollarse en el medio que le "toca vivir", sin embargo considero una utopía que el individuo encuentre una razón para sus "sentires" dentro de lo social, asimismo llega a ser "complicado" para los individuos desprenderse del medio lo suficiente como para llegar a entenderse a sí mismos, con independencia del medio, si esto es posible (lo necesitan para satisfacer sus necesidades más básicas, de lo que puede desprenderse que asimismo necesitan de ese entorno para explicar sus "sentires").

Subrayo razón y explicar, para marcar la diferencia entre lo interno, natural y lo externo, social.

Duro trabajo.

Respecto a tu segundo comentario, disculpa mi precipitación, efectivamente, la voluntad influye determinantemente en canalizar nuestra experiencia en la vida, tanto interior como exterior.

Es la ¡libertad! una palabra que todavía no había aparecido.

Al final te voy comprendiendo.

Un saludo.

Fabián Martín dijo...

No suelo plantearme cosas así, pero esta entrada ya me ayudo con mi tarea.

Muchas gracias y espero te vaya bien :D

Maria Varu dijo...

Gracias Fabián por tus palabras... la verdad es que he tenido que releerme el artículo porque lo tenía algo olvidado.

Tampoco yo suelo plantearme las cosas así, ese pensamiento acudió en un momento dado e intenté desmenuzarlo porque así lo sentí, sin más... sería -creo- que horrible vivir analizando cada paso que se da con profundidad, con raciocinio, desmenuzando cada acto y cada movimiento.

Te dejo aquí la respuesta porque no tienes habilitado tu perfil, ni lugar donde hacerlo.

Gracias por tu paso y te deseo que también a ti la vida te acaricie.

Un abrazo