28 de noviembre de 2007

¿QUIÉN? ¿POR QUÉ?

¿Quién perfumó de aroma el mundo?
¿Quién compuso la melodía de la vida?
¿Quién iluminó el sol y oscureció las noches?
¿Quién marcó el caminar de los días?

¿Quién colocó las franjas del sentir?
¿Quién contó el latir del corazón?
¿Quién determinó el caudal de la pasión?
¿Quién...

¿Por qué el aroma embriaga el mundo?
¿Por qué la música cambia de sonido?
¿Por qué el sol abrasa y las tinieblas aprisionan?
¿Por qué la luz de los días y la negrura de las noches?

¿Por qué la intensidad desborda los límites?
¿Por qué el sentir se derrama sin control?
¿Por qué los latidos se aceleran en su latir?
¿Por qué...

¿Quién creó mi exterior? ¿Quién me diseñó el alma?
¿Por qué mi pequeñez alberga la inmensidad?

¿Quién? ¿Por qué?

Preguntas de escondidas respuestas.
Son hallazgos en un mismo vivir.
Así como el sol puede alojarse en una gota de rocío,
y una gota de agua puede contener el mar.
Así mi corazón acoge la vida
y mi alma puede sentir su grandiosidad.

3 divagaron conmigo:

Currican dijo...

...

¿Quien? esconde un qué.
Que esconde las prenguntas
con una sola respuesta
¡La vida!

...

Currican dijo...

...
¡Doce!
( )
...

MARIA dijo...

¡Doce!
¡QUIERE PROFUNDA, PROFUNDA ETERNIDAD!
“Así habló Zaratustra”.

Sí… se quiere la eternidad y para alcanzarla hay que cruzar la medianoche, la profundidad del mundo, su dolor, el sufrimiento y el placer.
El placer de escuchar la melodía de la vida, perfumarse con el aroma del mundo, alumbrarse en la luz de los días y oscurecerse en la negrura de las noches… la intensidad y el derramarse y el correr del corazón… demasiada vida para una pequeñez, y toda una inmensidad cuando tenemos la eternidad.

Gracias por el hallazgo.