1 de diciembre de 2007

DARSE ATENCIÓN

Sin darme cuenta, sin ser consciente de ello alguien me dice que le llena de orgullo el que yo le dé mi atención ¡Qué grato y amable es escuchar estas palabras!

En el fondo la atención la prestamos, si de alguna forma, percibimos su sutil existencia. Cuando damos atención a algo o alguien es porque antes ha habido un ofrecimiento, un acercamiento, un deseo de compartir, y su efecto es como ese tímido haz de luz que se cuela por una rendija y de repente notamos su presencia.

Nuestra actividad actual es muy dispersa, es alocada, ajetreada y nos disgregamos en la cantidad inmensa de cosas que debemos atender y hacer. Entramos en esa vorágine de querer estar en todo, por todo y con todos, lo que nos obliga a dar y mostrar muy poco de nosotros. No tenemos ya tiempo de esmerarnos en nuestras relaciones, de ser unos con otros, de dar escucha, de dar presencia, de dar compañía… ¡debemos estar en tantas otras cosas!

¡Que hermoso es “perder el tiempo” con un amigo! ¡Qué belleza ver nacer el día! ¡Qué encuentro más íntimo reencontrarnos en la soledad!, sentir el crujir de las hojas bajo los pies, recibir la sensación de ese aire fresco de la mañana, dejarnos envolver por una música... Hay tantas cosas inútiles en esta vida nuestra en la que podemos dar atención y no se la damos porque no tenemos ese tiempo necesario. No tenemos tiempo porqué las actividades, las obligaciones y las ocupaciones nos tienen en sus manos, nos tienen atrapados, quizás sea también porqué hemos perdido parte de esa sensibilidad por “perder el tiempo”.

Cuando sentimos esa llamada de una atención, de un estar en sintonía y cedemos a ella, como sin darnos cuenta, sin proponérnoslo, sin prácticamente percibirlo… y alguien nos dice: “me das tu atención… me hace sentir que soy importante para ti” descubrimos esa parte nuestra que está como olvidada, como alejada, oculta detrás de todos esos innumerables quehaceres, o simplemente detrás de nuestras calamidades, de nuestras preocupaciones, de nuestras quebraderos de cabeza, o detrás de lo que consideramos de gran importancia y sin embargo, si nos paramos a analizarlo, si recapacitamos, nos damos cuenta que no es más que el propio transcurrir de la vida, y que nos perdemos detrás de esas minucias, desaprovechando la gratitud que otros nos ofrecen cuando simplemente les prestamos atención.

Nosotros mismos podemos ser ese ser que siente la necesidad de prestar atención al otro y cuando hallamos eco, cuando encontramos también su atención, nos llena de contento y nos sentimos bien, simplemente, estamos bien. Son matices, tan solo tornasoles del instante que vivimos, de los días que pasamos, pero sin duda son como hermosas y bellas flores que adornan las riberas de nuestro camino cuando acogemos esos instantes, solo porque sí.

A todos los que de una forma u otra prestáis y nos damos atención, sin duda ninguna nos damos la oportunidad de seguir acompañados, de sentirnos cercanos, de compartir y continuar juntos en esa gran aventura que es la vida.

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