16 de diciembre de 2007

LA AÑORANZA

Momentos de añoranza. Momentos en que recordamos algo que ya no tenemos, alguien que no está, vivencias de atrás, sentires del pasado, días de antaño.

Es cierto que no podemos y no debemos quedarnos anclados en el pasado, en lo sucedido, en el ayer, pero el ser humano, este ser del presente, es también un baúl de recuerdos, un puñado de deseos, un manojo de anhelos, una aglomeración de pensamientos. El hombre es un todo complejo, un fajo de vivencias y sentimientos, un ente complicado y desconocido, en el cual los días se suceden barajando todo ese caudal de “posesiones” que nos forma, que nos constituye, y en este ahora, en este instante presente, surge lo imprevisto, quizá lo buscado o posiblemente lo deseado de algo que ya pasó.

Que maravilloso sería saber mantener en nuestro momento de ahora lo agradable, lo bello y lo posible de este instante, que es nuestro presente; pero la realidad no es así, sentimos la añoranza de aquello que ya pasó, de aquello que ya vivimos, de aquello que un día sentimos y que quisiéramos mantener en una especie de eterno presente, por eso surge y aparece la añoranza. La añoranza, no siempre se viste de tristeza o de pesadumbre, sino que rescatamos y hacemos presente lo que en este presente ya no está.

Cualquier definición de diccionario nos dice aproximadamente que la añoranza es “Nostalgia o sentimiento de pena que produce la ausencia, privación o pérdida de una persona o cosa muy querida”, y es válida esa definición, pero creo que podría ampliarse, extenderse en un sentido también más positivo, más desarrollado, más dilatado. Añoranza no siempre debe tener ese tono nostálgico sufriente o sentimiento de pena de algo que se perdió o de lo que estemos privados, también podríamos interpretarlo como una sensación de gratitud, de plenitud, porque aunque añoremos algo del pasado, podemos añorarlo con alegría, con ternura, por su pletórica vivencia, algo que vivimos y que nos llenó de ventura el simple hecho de haberlo vivido, de haberlo tenido; quizás tuvimos una infancia alegre y feliz, fuimos queridos, amados y aceptados en nuestro entorno y evocamos aquella vivencia con hermosa añoranza, pero es más un recordar lo vivido, un sentirnos agradecidos por lo vivido, que no una necesidad o una triste privación. Quizá el haber tenido una amistad o haber vivido un amor, algo hermoso cuando se vivió, cuando se sintió, pero que ahora quizás no tendría cabida en nuestro presente, o no tendría sentido. Añoramos aquellas sensaciones, aquellas vivencias pero con afecto, con agrado, con cierta paz y alegría por haberlas sentido y vivido. Rememoramos, revivimos.

La añoranza, no es un sentimiento que deba ser siempre de pena. La añoranza es una parte de nuestro ser de ahora, algo o alguien que fue presente, que se manifestó en un pasado más o menos lejano, quizás fue simplemente ayer, pero agrandó nuestras miras, amplió nuestra experiencia de vida, ensanchó nuestra capacidad de sentir, de comprender, de entender, de vivir la hermosa presencia de la misma vida.

Cuando la añoranza se viste de presencia en el ahora, no siempre debería ser con triste nostalgia o penar, la añoranza puede ser el revivir de otros momentos felices y gratos que nos asisten en este instante, porque no podemos borrar lo que habita dentro de nosotros, no podemos obviar lo que hemos vivido, simplemente hemos de intentar que nada de lo que tenemos en nuestro interior ocupe más espacio del que le corresponde o suplante otros infinitos integrantes que son los que nos forman y ahora son presente.

La añoranza pues, no es necesariamente una privación que nos desagrada o nos hace sufrir, nada en nosotros tiene porque ser negativo cuando somos capaces de equilibrar, en la medida de lo posible, todo nuestra integridad de ser. La añoranza es una riqueza más de nuestro sentir.

2 divagaron conmigo:

Claudia Turcios dijo...

Hola, buen día.
Comparto contigo la definición del término añoranza y me gusta mas el enfoque positivo que le das. Mi última relación me dejó un sabor de añoranza con gratitud y felicidad

maria varu dijo...

Gracias Claudia por tus palabras... tiene tanto tiempo este escrito que ni me acordaba de él, me alegra mucho que te haya gustado...

un abrazo