7 de diciembre de 2007

PASIÓN DE VIVIR

Hay en el ser humano una dimensión oculta, indefinible y desconocida que nos resulta compleja precisarla. La vestimos de muy diferentes nombres: anhelo, deseo, ímpetu, ilusión, iniciativa, ardor, instinto… y es todo eso a la vez, pero tampoco posee las características que la definición de esos conceptos otorga, al menos a mi modo de entender. Es la pasión, la fuerza de cada ser humano por vivir.

Definir lo que el término pasión significa y abarca en su contenido me resulta imposible y evidentemente diferirá de la opinión de muchos, pero de alguna forma hay que decirlo y esta palabra es la que más se acerca a mi comprensión.

La vida es algo que todo ser posee, que a todos nos ha sido dado y la vida lleva consigo el sentir, la impetuosidad, los deseos, los anhelos, las ansias, el esfuerzo, la constancia… un sin fin de fuerzas que habitan en nuestro interior y que nos hacen vivir la vida de muy distintas formas, cada uno lo hace como puede, como siente o sencillamente dejándose llevar, pero incluso en ese dejarse llevar hay algo que nos motiva, nos inunda o nos place.

La pasión que para mí incluye la vida, la de cada uno, es esa fuerza desconocida que nos hace actuar de una forma determinada. No es una actuación preparada, meditada, calculada sino que le habita un impulso que encaja como puede en una realidad y actúa siguiendo esa necesidad desconocida hacia un objetivo muchas veces también inconcreto, indefinido. Es ese deseo de vivir muy a pesar de que crucemos etapas o momentos de dolor o espacios de auténtica felicidad. Un deseo que tampoco implica sólo dicha, bienestar u otra máxima satisfactoria o placentera.

Esa pasión, evidentemente no se manifiesta a todos por igual, hay personas que parecen satisfacerse con la sencillez del vivir que les ha sido dada, pero en el otro extremo hay esas otras personas que son dominadas por inquietudes, por desasosiegos, por impulsividades que les hacen encaminarse hacia lo distinto e incluso hasta incoherente de su entorno. La medida de esa fuerza que nos habita, no es una característica humana que podamos adquirir o podamos muchas veces dominar, es una fuerza innata, es un sentir que en algunos les puede y en ocasiones les sobrepasa. Grandes personajes de la historia han sido dominados o encaminados o dirigidos por ese ímpetu, esa explosión de su sentir y han sido los que han dado grandes giros o han sido pioneros de su hacer. No todos, sin embargo, han de ser célebres, también en nuestro entorno cotidiano, hay personas que son portadoras de la pasión en sus vidas, y sus existencias muchas veces son inquietas, son osadas, son atrevidas, son… sencillamente distintas.

La pasión es esa fuerza que nos empuja hacia algo o alguien, es ese afán por llegar, por conseguir, por lograr cualquier evento o necesidad, lo destacable de esa pasión es que la fuerza que nos ha encaminado hacia esa obtención, cede su “poder” al ser conseguido, porque la pasión no es el fin, sino el proceso, el camino, el recorrido. No es que nuestro interés desaparezca o se anule, que también puede ser posible, sino que la fuerza por conseguir o llegar, dará paso al consiguiente goce o disfrute de lo conseguido o hallado, pero desaparece el empuje de esa pasión-fuerza. Evidentemente no todo camino de apasionamiento se cumple, ni se consigue. Quiero por ello destacar que la persona habitada por esa fuerza genética más osada, ese ímpetu quizá irrefrenable hacia la meta, hacia esa necesidad, no alcanza la tranquilidad una vez conseguido, sino que con la llegada o el abandono, de nuevo surge y aparece una nueva fuerza, una nueva inquietud, una nueva aspiración. Es una voluntad de vivir en ese estado de apasionamiento por todo aquello que la vida le ofrece, le otorga o le sugiere.

Podemos entender como pasión, ese concepto de plenitud, de felicidad… pero en esos términos a los que me refiero, la persona apasionada no vive solamente el goce o el placer, sino también el dolor y el sufrimiento. La pasión tiende hacia la consecución de algo o alguien y en ese camino no hay estados, sino que están todos los estados humanos, y esa fuerza empuja sin detenerse en los escollos del camino. El dolor y el sufrimiento es parte inherente de esa pasión-fuerza.

La pasión de vivir, es un concepto mucho más amplio que la pasión puramente humana, la que puede desarrollarse entre sentires, esa otra pasión abarca la necesidad de cruzar un continente, de cortar vínculos para conseguir por ejemplo un cambio de vida, de arrastrar épocas de penurias por seguir un instinto, una intuición… Es un vivir la vida donde compartir o compaginar muchas veces resulta extremadamente difícil y solemos ceder en la medida que esa pasión nos lo permite, porque lo suplantamos con el amor, con el sentimiento, con la estabilidad o con cualquier otro estado más fácil o más a nuestro alcance.

Cuando una vida es encaminada o empujada a vivir en el apasionamiento de los días, e insisto en que la pasión no es un caminar entre laureles, parece como si esa vida no tuviera otro sentido, ni otra función más de ser que el continuo apasionamiento de vivir la consecución de lo indefinido y desconocido que le atrae, es esa inquietud, ese regomello turbador lo que empuja una y otra vez a seguir, a insistir, y, en ese estado, la vida puede ser en ocasiones agobiante precisamente por esa inestabilidad y a su vez por esa falta de seguridad y cierto sosiego que todo ser humano necesita. Pero la pasión-fuerza está ahí y difícilmente cede.

1 divagaron conmigo:

lupita dijo...

hola, me gusta tu blog. como puedo hacer para que la gente visite el mio?