9 de diciembre de 2007

SIN ROMPERTE Y SIN ROMPERME

Nunca sabremos cuando nuestro hacer puede romper otro hacer, otro sentir u otro ser. Nunca sabremos cuando otro hacer puede romper nuestro hacer, nuestro sentir o nuestro ser.

La vida nos conduce por caminos insospechados, por trayectos inesperados, por rutas desconocidas y sin saber como nos cruzamos con personas singulares, con personas que nos resultan especiales, con seres entrañables y únicos en nuestra vida. No sabemos como ha sido posible, en que instante ha ocurrido, pero nos damos cuenta que la distancia del desconocimiento se acorta en un instante, la cercanía se amplía con intensa brevedad, nuestro inicio nos parece ya una eternidad, o quizás es que nunca existió ni la distancia, ni el desconocimiento.

Cruces de caminos, de poca salvedad en algunos casos, pero abismos en otros muchos. Abismos que deben “obligatoriamente” ser salvables. No fue conocer, no fue empatizar, no fue tan sólo encontrar, sino que sin saber como se sintió nacer y enarbolar el sentir del alma y el latir del corazón, la necesidad inesperada del otro y la imposibilidad del compartir.

Un encuentro inesperado, un impacto súbito y casual. Una cruda realidad de ser simplemente un encuentro en el que repentinamente nos hemos visto implicados, envueltos, agarrados, atados… y hay que soltarse. Guardar lo bello. Mantener la esencia de ese enarbolado corazón que palpita con sólo el pensamiento de lo imposible. El deseo del bien y la verdad que habita en nuestras vidas desea encontrar el medio, la forma de mantener un latido… sin romperte y sin romperme. Pero el alma poco entiende de verdades y de bienes, el corazón desconoce las fidelidades y honestidades, pero vivimos en una realidad donde lo establecido marca pautas, establece leyes y ahí hallamos la conciencia, la razón y el tan llamado “sentido común”. El peso en nuestras vidas, el eco de nuestros actos, la reverberación en nuestro hacer.

Tan sólo un cruce de caminos, simplemente un choque de sentires y una pérfida realidad.

¡Cómo no romperme!
¡Cómo no romperte!

2 divagaron conmigo:

Currican dijo...

...

La racionalidad, es algo derivado de la vida,

Convertida en ley fosiliza la existencia
se pregunta por ella y la conduce
a la angustia,
abocandola al instante final
o prefiere no mirar y
generar un nuevo mundo más allá del ser en si.

Convertida en arte, la vida se afirma,
libremente, ¡es el valor!, que no hay ni que afirmar
ni que negar, es la pasión moviendo a la razón...
es la razón conociendo a la pasión...

¡La vida!

decía el loco, -callaba-
¿que juegos nos veremos obligados a inventar?

De camello a león, de león a niño
¡Cuanta locura! ¡Cuanta belleza!

Y entre tanta metamorfosis
con estos pensamientos...

..."Tan sólo un cruce de caminos,
simplemente un choque de sentires
y una pérfida realidad.

¡Cómo no romperme!
¡Cómo no romperte!."


El arte de no afirmar, de convertir
las respuestas en preguntas
el arte de la vida
el arte de convertir
las preguntas en respuestas
volviendo una y otra vez a ellas
hasta despojarlas de sentido.

¿Cómo no romperme?
¿Cómo no romperte?

Sencillamente, amando...
amando primero la vida

¿Que es capaz de hacer el niño
que ni siquiera el león
haya podido hacer?

Para el juego divino del crear
se necesita un santo decir "sí".

...

MARIA dijo...

La vida siempre puede y es arte, el arte del creador. Quien crea esta vida, quien vive esta vida, utiliza todos los colores, todas las gamas a su alcance y en la obra aparecen aquellos colores que más han brillado y que más han expresado el momento de la creación.

Lo creado no se niega, no se afirma, tan sólo se expone, se muestra y se da, porque ese es su único objetivo: darse.

La vida es una composición creativa, continua, inacabable y abarca en sí toda posibilidad, toda expresión. Quizás el abuso de una gama permita agotarla, quizá el cansancio de un tema se extinga, quizá tan sólo creando se pueda seguir viviendo… y ese continuo agotar, extinguir y vivir es lo que en verdad permite seguir en el “juego divino del crear”.