30 de octubre de 2007

VEO AL AMOR CAMINAR

Veo al amor caminar en cuerpos cansados,
llevan los pasos lentos y la mirada ilusionada.
Se encontraron cuando no se esperaban,
nació el amor y juntos sus días abrazan.

Veo al amor caminar fundiendo sus pasos,
pasean despacio… cogidas las manos.
Se saben juntos, unidas sus almas,
hay ternura en sus ojos y sonrisa en sus miradas.

Veo al amor caminar con labios callados,
sobran las palabras… cuando el corazón ama.
No hace mucho se encontraron,
desde ese instante… la vida de nuevo, les acompaña.

Veo al amor caminar…
Veo la vida renacer…
Veo la ternura… y yo… quisiera ser.

29 de octubre de 2007

AMAR POR NADA

Seducida por las palabras, atrapada por la voz
-inesperadamente, de improviso-
Atraída el alma por lo desconocido.
Sumergidos los pensamientos en el caos de la imaginación…
… paranoia, fantasía, alucinación del sentir.
Es la pasión que irrumpe en la calma del vivir aposentado.
Es el arrebato imparable de la seducción… que renace de nuevo,
me avasalla sin piedad,
aparta la serenidad, la quietud, el reposo… la monotonía.

¡De nuevo la vida… hace acto!
¡De nuevo la locura atenta la razón!

El destino quebranta de nuevo la paz, la armonía de mis días…
Quisiera negarme, quisiera huir… pero sólo es un susurro,
ya mis anhelos se aferran al sin sentido,
mi corazón se lanza tras el latir,
mi pensamiento traspasa la cordura,
mi alma… se entrega de nuevo.

Es la vida, es el encanto, es el delirio, es… la Locura.

Locura de dar… de dar por nada.
Locura de vivir… vivir por nada
Locura de amar… de AMAR… POR NADA.

28 de octubre de 2007

"NO LLEVAS NADA"

No llevas nada… nada me llevo…
cuando mis pasos van hacia ti.
La nada me lleva, me llevan los pasos,
me lleva la vida… que aguarda en ti.

No llevas nada… nada me llevo…
La nada me posee, la nada es mi todo…
sabiendo… que todo está en ti.

Nada me llevo, nada me asiste, nada quiero.
Me espera la cumbre y me demora la vida…
la vida, la dicha y la locura de llegar hasta ti.

No llevas nada… nada me llevo…
sólo un corazón que ama,
un alma que siente,
y un cuerpo… que espera por ti.

27 de octubre de 2007

SILENCIO... QUE NO VACÍO

Silencio de palabras.
Silencio de ti… día y noche.
Silencio… día tras día, semana tras semana.
Silencio de sonido.
Silencio de verbo.
Silencio.

Silencio… que no vacío.
Silencio de fuera, llenura de mí.

Fecundos los pensamientos cuando se llenan de ti.
Fantasías del sentir cuando siento de ti.
Fértiles las palabras cuando escribo de ti.
Festín y algarabía cuando me habito dentro de ti.
Fanales, resplandores, destellos, focos cuando luces tú.
Fiesta, lujo y derroche cuando, en el silencio, apareces tú.

Silencio… que no vacío.
Silencio de fuera, fantasía dentro de mí.

26 de octubre de 2007

LOCA

Loca… me llamas
porque tengo el amor por horizonte.
Me llamas loca
porque mi camino es la pasión.

Locura… es mi nombre
porque visto con trajes de sentimiento.
Mi nombre es Locura
porque el día nace cuando lo alumbras tú.

Loca… me musitas
cuando mis palabras oyes divagar.
Musitas: loca… loca…
y el arco iris ilumina desde lo alto.

Locura.
Mi nombre es Locura
Locura del pensamiento,
Locura del deseo,
Locura del amor.
Locura de ti.

25 de octubre de 2007

TÚ, MI FANTASÍA



Fantasía, candilejas, fervor de magia
En ti la fuente, en ti el cauce, en ti la quebrada
Reminiscencia de mis deseos, realidad de irrealidades
Nacimiento de ilusiones, ansias lejanas, dorado de atardecer
Ahora... que ya no estás, ahora... que ya te alejaste
Nada vuelve a ser, nada vive ya, nada hay.
Desencanto. Todo huye, todo se aleja, todo se va.
Olvido del mundo es la locura de mis sentimientos.
Sueños de antaño es lo que vive hoy,
Fantasía, sólo fantasmas en mi imaginación.

24 de octubre de 2007

LA DUREZA DE CORAZÓN

Hay en el interior del hombre un arma difícil de dominar, un dueño y señor casi invencible de combatir, es la consciencia. En este caso me limito a la consciencia interior.

Nuestra consciencia es un cúmulo de vivencias y aprendizajes que se han ido posando en nuestro interior a lo largo del tiempo ya pasado y que caracteriza, no tan sólo nuestra forma de ser, sino que también domina muchos de nuestros actos.

Nuestra actuación es invisiblemente dirigida por nuestra consciencia. Cuando nuestra comunicación y nuestro hacer altera la existencia del otro, cuando nuestro comportamiento y nuestra manifestación afecta el ser, el ánimo o la expresión del otro, nuestra consciencia también se turba, mínimamente lo detecta.

La andadura por esta nuestra vida, es un continuo aprendizaje, un continuo soltar y acoger nuevas formas, nuevos modelos, nuevas pautas que resultan difíciles de adquirir en muchas ocasiones e imposibles en otras, pero cuando tenemos en cuenta la interioridad y el sentir del otro, esta percepción se convierte en uno de los medios más afables para aprender, entender o modificar nuestra visión y nuestros esquemas.

Hay personas que, para ser fieles a su consciencia, parecen autoprogramarse cuando su vida se desmarca de lo “establecido” o no responde a lo que consideran el bien y la verdad según sus concepciones, y el otro, aquel que recibe y vive esa programación, experimenta una dureza de corazón que puede catalogarse casi como de crueldad. Evidentemente existe el extremo opuesto, aquel en el que sometemos nuestro sentir y nuestra mirada a la consciencia ajena.

En nuestra sociedad de hoy, las relaciones entre unos y otros, quizás resultan más complejas y a la vez más difíciles porque no nos detenemos a comprender esa consciencia que no es la nuestra y atajamos la cuestión con un rápido alejamiento o una sumisión, según los deseos.

Acercarse a la comprensión del otro nos puede favorecer y enriquecer nuestra propia consciencia, nuestro propio universo, nuestra propia visión del mundo, tanto interior como exterior. Creo que seguir a “pies juntillas” nuestras singulares concepciones de aquello que consideramos el bien y la verdad de nuestra vida, sin tener en cuenta la visión o el sentir del otro, difícilmente va a favorecer el hallar la felicidad o la paz, que todos innegablemente anhelamos y buscamos desde que aparecemos en este cosmos.

El sentir del corazón es el único que puede modificar y ser intermediario. El único que en verdad y en última instancia, es capaz de transformar, evolucionar o alterar nuestras pautas y nuestros esquemas de consciencia, por ende nuestro ser con los demás.

21 de octubre de 2007

ME INSPIRÁIS

AURELIO Y CRISTINA, un hallazgo.

Conocidos, ligeramente vistos. Un viaje, un encuentro… y el regalo de un hallazgo.

La vida es sorpresiva. Cuando las circunstancias nos facilitan un encuentro, unas horas por compartir, acogemos inicialmente el momento bajo nuestro estado de ánimo o nuestro breve conocimiento de aquellos con quien vamos a compartir. Las palabras iniciales, quizás las de rigor, se inician mientras buscamos un lugar, un bar, una cafetería, una tasca… algún lugar donde transcurrir ese espacio brevemente acordado. El comienzo a veces torpe, es imaginativo, pero pronto iniciamos el tema que nos ha unido y lentamente, mezclados en esa cuestión, vamos desgranando nuestras peculiaridades, nuestros pequeños trazos personales, nuestra comprensión, nuestra opinión y sin saber cómo vamos hallando el eco del otro, vamos encontrando similitudes que nos sorprenden y opiniones que nos agradan, o quizás no? pero nos dan pie al diálogo placentero, incitan a la curiosidad del otro, promueven la abertura del intercambio, acercan… el alma al alma. Y el tiempo se sucede y aquellos conocidos, ligeramente vistos que se nos antojaban quizás lejanos, les hallamos cercanos, les sentimos próximos, notamos como abrazan nuestra comprensión, como comparten aspectos y conceptos de la vida, del entender, del aceptar y del vivir. Y aquel espacio, aquel intervalo de tiempo que estamos viviendo, abre un acercamiento y una sintonía que da paso a sentir… que el otro es ya próximo.

La vida es sorpresiva. La sorpresa que nos otorga la misma vida cuando sin abrazar ninguna meta nos acerca al calor del otro, a la escucha y a las palabras del otro, cuando nos permitimos vivir ese espacio que nos ofrece el encuentro con el otro.

Vivimos, sentimos, y nos damos cuenta, que la vida, nuestra vida, puede ser algo más que nuestras preocupaciones, nuestros deseos, nuestros anhelos, proyectos y ansias personales. El mundo tiene en sí más belleza y más calor para darnos, cuando cedemos a la vida que nos rodea, al entorno que nos circunda, entrar en la tierra que somos cada uno de nosotros.

17 de octubre de 2007

ARRIESGAR


Cuando amamos sin esperanza, cuando nuestro sentir no encuentra el eco que esperamos, el desgarro y la rotura se instala de repente en lo más íntimo, en lo más adentro, en ese espacio invisible y oculto que dirige, encamina y alimenta toda nuestra vida.


Una callada desesperación se apodera de la vida, de nuestra existencia, empezamos a enloquecer de ansia, de desasosiego, de pena y de una inexplicable agonía que nos dificulta el querer seguir en esta vida que ahora, en estos momentos, carece de sentido. Surge una sed desesperada, una ansiedad descontrolada, una irrefrenable necesidad de saber ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué otra vez? ¿por qué a mí?, una infinidad de interrogantes que no tienen respuesta, un sinfín de cuestiones que no hallan palabras que calmen esa sed, esa agonía, algo que aminore ese dolor que nos asfixia. Y empezamos a devorar libros, a buscar aquí y allí… donde sea, algo que nos asista en ese caos. Buscamos, hablamos, y seguimos buscando ¡pero no! no hay una respuesta clara, no hay una solución rápida, sólo hay que aceptar… aceptar lo que nos está sucediendo, lo que estamos viviendo, aceptar ese dolor y esperar que el tiempo nos cure.

Transcurren así los días y tímidamente asumimos, con rabia, con furia, esa dura realidad. ¡Qué difícil es aceptar!, pero está claro que no podemos seguir con el corazón desgarrado y sufriente ante un amor desesperanzado. Hay que encontrar lo bueno, lo hermoso, lo bello de todo esto que nos está sucediendo.

A mí se me ocurrido pensar que lo más hermoso es sentir la magia y el encanto de haber amado, de amar. Si evitamos, si renunciamos, si deseamos olvidar que lo sentido, que lo amado no ha existido o deseamos no haberlo vivido, perdemos la dulce experiencia de esos breves momentos en los que nos hemos sentido transportados a la felicidad, a la cima del sentir, a vibrar ante el ser querido. Quizás ha sido breve ¡es cierto!, quizás el desamor, la ausencia o el dolor ha sido superior a la dicha vivida ¡es verdad!, pero la vida tiene sentido cuando experimentamos esos momentos álgidos que se despliegan desde dentro, en busca del ser amado.

El amor para ser vivido, para ser compartido lleva consigo su otra cara, la de la ausencia o la del desamor. Pero sólo arriesgando tiene sentido la vida.

11 de octubre de 2007

LA ESPERANZA DE LA SOLEDAD

Siempre me ha gustado diferenciar el vivir solo, del vivir en soledad. Mucha gente vive en compañía de más personas y puede sin embargo sentirse totalmente sola, y otros pueden vivir solos y su vida estar llena de vida.

Nunca podemos presumir de una u otra soledad en forma categórica, porque tarde o temprano su aparición puede asolar sin remedio nuestra vida.

La soledad puede aportarnos mucho si sabemos convivir con ella. Ya sea en el momento en que aparezca, o cuando nos instalemos en ella por cualquier circunstancia.

La soledad hay que aceptarla, sin más, porque ella es manifestación también de vida.
La soledad hay que asumirla, sin más, porque ella es presente en la existencia.
La soledad hay que acogerla, sin más, porque a través de ella se asienta el cambio, nacen las nuevas adquisiciones y el olvido de viejos conceptos.

Las épocas de soledad son como de trasiego, de traslado, de tránsito a nuevos y diferentes aspectos, aires y miradas de la vida que nacen a partir de este ahora. La soledad nos da la ocasión de vernos a nosotros mismos, ver la realidad que somos, conocernos mejor, ver nuestra necesidad y nuestro camino.

En este instante, en este ahora que cruza mi vida, quiero recibirla con esperanza, con cierta ilusión, con cierta sorpresa. Reconozco que en estos momentos, la llevo conmigo como una losa que dificulta mi camino y mi paso, a pesar de todo quiero encontrar el entendimiento con ella para que me prepare y me curta lo suficiente para recibir el próximo instante que me toca vivir.

5 de octubre de 2007

REALIDAD


¡Cuesta tanto aceptar la realidad!
Perviven en lo más hondo de mí,
el deseo y el anhelo.
No consigo aceptar esta realidad,
me resulta imposible de asumir.
Ese sentir que me domina el corazón y las entrañas,
puede conmigo,
necesito tu presencia,
necesito que estés,
necesito que seas realidad.
Nada ahora tiene sentido,
todo ha perdido su luz.
Sé que todo pasará,
sé que la vida volverá,
pero ahora vivo el desgarro,
la ausencia y la carencia de ti.
Y la vida se queda en este ahora,
mis días se pierden tras el recuerdo,
mis deseos y mis anhelos
gritan en el más absurdo silencio de la nada.

3 de octubre de 2007

SOLTANDO ILUSIONES

Hay días en que a uno le da por reflexionar aspectos de la propia vida. Miramos nuestro ayer y según tengamos el ánimo, predomina lo favorable o lo desfavorable.

Cuando ya hemos cubierto parte del trecho de nuestra vida, al mirar atrás nos damos cuenta de cuántas cosas quedaron en el camino. Aquellas ilusiones adolescentes que pervivieron en la juventud y traspasaron a la adultez, se han ido modificando, han evolucionado con nosotros y sin embargo mantienen su esencia primera. Esas ilusiones, esos anhelos que nacieron conmigo, algunos de ellos no se han cumplido todavía. Surgieron ocasiones en que estuve a punto de verlas realidad, pero en el último momento se truncaron y volvieron a quedar en ilusiones pendientes de ser vividas.

Hoy me pregunto ¿es posible todavía verlas cumplidas? ¿tiene sentido vivirlas ahora? ¿persiste el mismo entusiasmo que antaño?

Y es difícil hallar la respuesta. La ilusión del amor, del sentir y de vivir la vida no tiene la misma proyección a los 20, a los 40 o a los 60. En cada momento la situación presenta realidades distintas. Lo que sí es cierto es que la ilusión y la vivencia de los sentimientos aportan en cada ocasión, en cada etapa, un estado de felicidad que se nos antoja el más hermoso y el más especial de nuestra vida. Y es que la vida se va sucediendo y va dejando sus huellas en nuestra exterioridad, en nuestro cuerpo, en nuestro camino… pero en nuestro interior, el sentir, los sentimientos, las ilusiones y las esperanzas son como vidas sin tiempo, sin lugar, sin forma y sin fecha de caducidad.

1 de octubre de 2007

EL PRESENTE QUE NOS ASISTE

Qué difícil e imposible resulta luchar contra el sentir del corazón. El latir de dentro nace sin ser buscado, surge sin ser solicitado y cuando quieres darte cuenta ya es demasiado tarde para impedir su presencia.

Los latidos del corazón, el sentir del alma no piden nunca paso, se adentran en la vida de uno… así, sin más, y ya no hay forma de evitar su embrujo, de anular su dominio o de remediar sus efectos. Se adentran de tal forma que la voluntad va cediendo su poder, su fuerza, va menguando el brío personal, el propio, el singular de cada uno. Cuando ese sentir se ha adueñado de nuestra vida, nuestra voluntad no tiene respuesta, ni tiene eco y aparece la tristeza, la pena, el desamor. La vida pierde sentido, el sentido que busca el corazón y anhelan nuestros anhelos. ¡Qué triste se nos antoja todo!

Pero la vida no es sólo el latir del corazón, no sólo es el sentir, la vida no se reduce al incumplimiento de nuestro deseo y de nuestro anhelo. Lo amado, lo deseado es ahora nuestra meta, es en este momento nuestro horizonte, es en este ahora nuestro "sentido" y damos nuestro presente, todo lo que él abarca por ese sentir que llena el corazón, que cubre el alma y nos embarga todo el cuerpo. Y en ese darnos nos perdemos la vida, nos perdemos lo bello, nos negamos la vida… de hoy. ¡Nos estamos quedando anclados en el ayer!

Salgamos al mundo, abramos las puertas de nuevo y que el aire ventile nuestro interior, que se lleve esos sentires que nos aprisionan, que nos atan, que nos acorralan. Quizás la vida nos regale un nuevo deseo, un nuevo sentir, una nueva ilusión… pronto, mañana, pasado o dentro de un tiempo ¡qué más da! Pero si nosotros nos encerramos en la tristeza de la ausencia, en la pasión de una espera o en el recuerdo de un pasado, la vida pasa sin que nos demos cuenta, sin sentir, ni vivir ese nuevo sol que el día nos ofrece.

Comencemos cada instante pensando que hoy es nuestro día, un día con posibles sorpresas, un día donde la vida nos cubre de alegría y donde la luz nos envuelve de nuevo con su claridad. Sintamos la alegría de lo vivido, de ese dulce veneno que nos alentó un tiempo, un instante… que fue, que existió, aunque fugaz fue… y fue un bello regalo en nuestro ayer, pero eso ya es pasado y nuestra vida no debe vivir del ayer sino del ahora, de este presente que hoy felizmente nos asiste.