11 de enero de 2008

ENTENDIMIENTO Y COMPRENSIÓN

espués de los miles y miles de años que el homo sapiens habita la tierra, después de las fases evolutivas, los avances, adelantos, reconocimiento de los derechos humanos… y un largo etcétera de progresos, seguimos sin haber resuelto o mejorado demasiado, algunas de las cuestiones más básicas, más elementales, más esenciales como es el entendimiento entre nosotros, el entendimiento entre unos y otros.

Evidentemente no se puede afirmar que todos somos iguales, pero sí existe en la sociedad una falta de entendimiento. Un entendimiento que abarca todo tipo de relaciones, de encuentros, de situaciones o de momentos.

Parece haber algo innato en el ser humano que crea una inclinación casi incontrolada a la posesión del propio reconocimiento, a la revalorización del propio pensar, a la concepción o forma y manera de ver las cosas, a la particular comprensión ante los otros e incluso por encima de los demás. No siempre se es o se actúa de esta forma, pero hay una tendencia, una gran propensión a esa especie de posesión de la verdad, de la propia verdad, porque es el otro quien no me entiende, es el otro quien se equivoca, es el otro el que crea las distancias, es el otro quien no comprende.

Quisiera detenerme en los conceptos de ENTENDIMIENTO y COMPRENSIÓN, que son los que conforman el título, y dan lugar a esta reflexión.

Es enriquecedor retomar de vez en cuando el verdadero significado de los términos que ya damos por sabidos, en ocasiones nos invita a modificar o ampliar nuestros propios conceptos.

Todos, en general, sabemos el significado de “entendimiento”, pero ¿qué quiere decir realmente “entendimiento”?
ENTENDIMIENTO es la capacidad de entender. Entender viene del latín intenděre que significa dirigir, aplicar. Es decir tener idea clara de las cosas, conocerlas, penetrar las intenciones de alguien, facultad de pensar, comprender y elaborar conceptos, relacionar mediante el razonamiento, saber ir de lo individual a lo global, de lo concreto a lo general o abstracto…

Para desarrollar el entendimiento, uno de los requerimientos básicos, es la paciencia. La paciencia es necesaria para acoger las ideas, para intentar conocerlas y comprenderlas, para pensar…

Nuestra vida actual, en términos generales, tiene poco espacio para la paciencia, para el desarrollo progresivo de las cosas, de los conceptos, y enseguida entendemos, enseguida interpretamos, pronto explicamos e incluso podemos ser capaces de demostrar lo que haga falta. La paciencia se nos agota rápido, tenemos otras cosas más importantes o más placenteras que nos aguardan, o simplemente, hemos perdido el gusto por entender. Somos rápidos catalogando a las personas, las situaciones, los contextos, los entornos y ya hemos hallado la solución, nuestra solución, por lo tanto sabemos como actuar, que pensar, que hacer o que decir. Perdemos poco tiempo en escucharnos unos a otros, en entendernos, en conocer la visión, la situación o la percepción del otro y el otro tiene también sus razones, sus motivos, sus por qué, su visión y su individual manera de vivir, ver y entender los acontecimientos, las situaciones y su relación con los demás.

Siguiendo la línea tomada anteriormente me remito al significado de la palabra “comprensión”.
COMPRENSIÓN viene de comprender y ésta del latín comprehenděre; de cum, con y de prehenděre, coger. Es decir, coger, abrazar, ceñir por todas partes una cosa, y “con” es una preposición que significa el medio, modo o instrumento que sirve para hacer una cosa.
En resumen: a través de ceñir, de rodear al otro, de abrazar en conjunto al otro, le acogemos.

Cuando nosotros somos capaces de comprender, de abrazar, de conocer al otro, nos acercamos a su sentir, nos aproximamos a su individualidad, a su visión, a su conocimiento, y posiblemente nuestra verdad no sea tan verdad, y quizás nuestra visión no sea tan clara y probablemente cuando entendamos la postura, el hacer del otro, las razones del otro, seguramente la distancia entre los dos disminuya.

Entender y comprender al otro, no significa ser como el otro, no quiere decir que seamos el otro, sino que después de escuchar, de razonar, de acercarnos, de saber ponernos en su lugar, somos capaces de ensanchar nuestra visión, nuestra personal concepción y acortar nuestras diferencias, nuestra desigualdad.

Evidentemente interfieren muchos otros aspectos y condicionantes en las relaciones humanas como la afectividad, la comunicación, la realidad, el entorno, la cultura… y un sin fin de aspectos más. Pero la escucha, el aproximarse a la postura o situación del otro, el acercamiento, la acogida del otro, me parecen un buen inicio para el entendimiento y posterior comprensión entre los seres humanos, independientemente de sus diferencias, raza, sexo o condición.
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2 divagaron conmigo:

Currican dijo...

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Que poco se puede entender y comprender si uno no aleja en esa tarea, sus propios sentimientos, sus deseos, incluso su forma de ver y razonar las cosas.

Y es que no conoceremos sino interpretaremos, actuando de otra forma.

Poco puede hacer el pensamiento propio sino interferir, ¿somos capaces de llegar a ver sin influir en lo que vemos? quiero decir... encontrar sentido tanto a las cosas como a las personas por ellas mismo y no por su relación con nosotros, viendo sus razones, sus cualidades sin interponer las nuestras.

¡Bonito tema!

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MARIA dijo...

No sé si puede entenderse y comprenderse poco o mucho si nos alejamos de nuestro sentir, pero es ya un primer paso el iniciarse en ese deseo de entendimiento con el otro.

En cuanto al propio pensamiento, interferirá siempre, en mayor o menor grado, porque el pensamiento de cada uno está ahí, es parte de uno mismo, y en ello incluyo al otro evidentemente, ya que como mínimo en ese entendimiento intervienen dos personas.

La cuestión que planteas "¿somos capaces de llegar a ver sin influir en lo que vemos?", está claro que depende de la relación y conocimiento que uno tenga del otro. Tal como apunté en el escrito, interfieren muchos otros condicionantes en las relaciones humanas y no hay tampoco que olvidarlos, están ahí y tienen su peso. No siempre las buenas intenciones y los mejores deseos tienen respuestas favorables, porque el quid no depende sólo de uno, sino de los que intervienen. Creo que a pesar de todos los condicionantes que pudiera proponer, que pueden ser infinitos, existe la posibilidad del entendimiento más inexplicable, el que menos imperativos impone y que hace el camino más corto: la voluntad de entender y la voluntad de dejarse entender.

Me parece que nosotros no pensamos lo mismo, ni opinamos igual y sin embargo existe la voluntad de entendernos o mejor de comprender el contenido que exponemos. Lo que resulta para mí un placer.

Saludos.
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