2 de enero de 2008

LO INESPERADO

Porque terminé el año con lo inesperado y desagradable quiero pensar que el comienzo de este nuevo año es simplemente la inauguración de lo bueno, de lo agradable y de lo esperado.

Algunos de los sucesos que nos ocurren suelen presentarse de forma imprevista, por sorpresa, inesperadamente y eso es causa para que reaccionemos también improvisadamente, instintivamente. Quizás acertemos en nuestra reacción o quizás no, pero está claro que nuestra respuesta es la que nos sale en esos momentos, también de forma instantánea e impensada, no podemos meditarla, ni tampoco preverla. Cuando el suceso es agradable, la reacción es de relativa importancia, pero cuando es algo que nos perjudica o algo que nos afecta, empezamos a dar vueltas y más vueltas al asunto, intentado entender porque no fuimos capaces de reaccionar de aquella manera o de aquella otra.

Lo inesperado, ese algo que no esperamos, ese algo que se ha hecho presencia en nuestro momento y nos ha alterado el hacer monótono y cotidiano. Esos sucesos imprevistos nos hacen replantear nuestro hacer, nuestras costumbres o simplemente nuestro comportamiento. Lo inesperado puede también ser motivo de cambios, quizás radicales o formas de ver las cosas o de entenderlas… es como si a partir de ese hecho inusitado, nuestro camino tomara otra senda distinta que quizás jamás habríamos tomado o de modificar algunas de nuestras costumbres porque las circunstancias así parecen indicarlo. También es posible que no haya que cambiar nada, simplemente ha sucedido y punto.

Parto de la base que es bueno aceptar lo inesperado (por otro lado no nos queda otra solución), aunque ello nos duela o nos haga sufrir, nos moleste o nos altere, pero es bueno intentar comprender el porqué de este hecho o de ese incidente y hallar el aspecto o el sentir que nos ha dolido o afectado.

En esta época en la que estamos, período navideño, es también un momento propenso a que nos suceda este tipo de situaciones, nuestras costumbres se ven alteradas, nos desplazamos, salimos más de fiesta, comemos más copiosamente, quizás circulemos en estados poco aconsejables, gastamos más, el ambiente es más disperso, la actividad más frenética… en fin, que es una época que se presta y facilita el que nos sucedan imprevistos. Lo inesperado debe aceptarse también como algo característico de este momento en que todo parece perder un poco la cordura y el control, y acogerlo como tal en la medida de lo posible. Una buena forma de asumirlo es viendo la parte positiva, que seguro que la tiene, quizás cueste, pero muy posiblemente esté ahí. Tenemos muchos días por delante y empezarlo con negatividad no es aconsejable, porque nos queda ese mal sabor de inicio del año, a veces inconscientemente tenemos la sensación de comenzar las cosas ya con mal pie. El aceptarlo como consecuencia del desbarajuste del momento nos permite seguir con cierto optimismo los más de trescientos sesenta días que nos quedan por delante.

La predisposición positiva con que afrontamos lo desagradable de las cosas hace que nuestra vida sea más regular, con menos altibajos, la negatividad es mala consejera porque nuestro estado de ánimo hace que desaprovechemos la ocasión de hallar el color y la alegría de los instantes. Independientemente de que lo inesperado sea más o menos agradable, el intentar mostrar nuestra parte favorable y de positivismo ante cualquier hecho, por inesperado e imprevisto que sea, siempre beneficia, y no tan sólo en esta época, sino en cualquier momento, época o etapa en que hace acto de presencia.

Lo inesperado puede ser el inicio o el motivo para mejorar, cambiar o ver las cosas de otra manera o simplemente saber aceptarlas. Siempre podemos hallar algún aspecto, detalle, forma o hecho que nos beneficie o nos haga ser mejores.

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