27 de enero de 2008

SIMPLEMENTE ESTAR

Somos un continuo trasiego. Vivir la vida puede ser hermoso y así lo consideramos cuando las cosas nos van bien. Sin embargo hay períodos en que surgen espacios de tiempo donde tenemos la sensación de hallarnos en un terreno cuya superficie es tan inestable como querer andar sobre tierras movedizas. Las cosas se tuercen, se agravan y todo lo que hacemos o gran parte de ello, parece que sólo sirve para empeorar las cosas. Son esas épocas o sucesos que nos abocan a la tristeza, al abatimiento, a la angustia e incluso a la desesperación.

Esas etapas y experiencias de inestabilidad, no tan sólo las percibimos en nosotros mismos porque las vivimos, sino que de alguna manera las podemos observar también en los otros, y ese otro puede ser alguien cercano, alguien próximo, alguien por quien sentimos afecto o simplemente alguien que por una u otra razón sentimos que nos importa. Esa cercanía no tiene porque ser entendida en relación a la distancia sino a una mutua relación. La distancia física es un obstáculo mínimo para percibir ese sentir, ese dolor o sufrimiento ajeno, bien es cierto que el estar más próximos permite un mayor acercamiento, pero incluso estando cerca, no siempre podemos prestar ayuda, colaboración o dar un determinado apoyo.

No todas las situaciones permiten una intervención ajena, como tampoco tenemos en nuestras manos la solución, ni el mejoramiento de ciertas realidades, pero eso no quita que indirectamente sintamos el deseo o la necesidad de echar una mano o de intentar aligerar el mal momento que esa persona puede estar pasando. La realidad nos dice, nos muestra que sólo es un deseo, una aspiración que desearíamos poder cumplir, pero nada más.

Es difícil y complicado solucionar nuestros propios problemas, nuestras propias inquietudes, nuestras turbaciones e intranquilidades, los miedos y los temores, en consecuencia es todavía más difícil hacer cualquier gesto a favor de otro u otros, porque siendo ajenos, no podemos intervenir, ni mediar. Hay sin embargo algo que no sé hasta que punto es efectivo en una solución o en una determinación, pero que sí es un enorme apoyo tanto para el que lo vive como para el que lo observa, saber o ser alguien que de forma incondicional ESTÁ, no puede hacer, no puede decir, no puede solucionar, pero hay alguien que de una forma u otra ESTÁ, independientemente del camino a tomar, independientemente de la posición en que se halle, independientemente de todo, alguien ESTÁ y ESTÁ AHÍ, en el silencio, en la lejanía, en el anonimato, en la distancia, dónde sea, pero hay alguien que SIMPLEMENTE ESTÁ.

Sentir que alguien nos acompaña, sentir que alguien está con nosotros, percibir el latido de ese sentir… no nos va a solucionar nada, no nos va a resolver nada, pero nos sentimos apoyados, sentimos esa inexplicable cercanía, percibimos esa presencia… y esa capacidad de apreciación puede darnos fuerza y coraje para reducir esa dificultad que inevitablemente estamos cruzando.

Saber, sentir, apreciar, percibir, notar o dar ese ESTAR AHÍ llena el corazón de ternura y como en una indiscreta rendija, tímidos haces quieren dar luz a ese corazón que cruza la oscuridad.
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