22 de febrero de 2008

¡ARDA YA TODA MI VIDA!


Que larga es la oscuridad cuando se aguarda,
cuando se espera lo que sin querer se rompió.
Esa impaciencia… esos impulsos,
esa fuerza de lo sensible que se apodera,
se disfraza de pensamiento
lanzándose sin poderme evitar.

¡Sentirlo!
¿De qué sirve sentirlo cuando lo pasado
es ceniza de lo quemado ya?.
De nada vale lo que ya no está.
Pasan los momentos, la fuerza se adormece,
y sé que de nuevo… todo volverá a pasar.

Ese ser incontenible,
esa impulsividad,
ese ansia que me quema
esa… que siempre me quiere abrazar.
Esa insaciable agonía de lo hecho,
que una y otra vez surge sin poderla evitar.

¿Quién puede doblar la impaciencia?
¿Quién sujetar la impulsividad?
¿Cómo contener lo incontenible?
¿Cómo dominar la ansiedad?

Ardo de inquietud, ardo de penalidad
¡que arda ya toda mi vida!
por lo que una y otra vez siempre repetirá.

10 divagaron conmigo:

IGNACIO dijo...

Hay momentos Maria que se hace necesario, no internarnos demasiado en nuestros "adentros", no se hace bueno nunca llegar a la conclusión de quemar toda una vida, hay que reponerse de las agonías mil y dos veces, el viento sopla y se lleva las cenizas.
Te dejo esto.

Dentro

yo se que estoy
porque beso tus labios

y tus labios me responden

cuando miro tus ojos
tus ojos me contestan

_______y no pregunto.

© Igna

Besos.

MARIA dijo...

.
Cada instante puede ser una vida y cada vida que cause o provoque un dolor ajeno, debería ser quemada y aún quemándose quedan las cenizas, las cenizas de la inquietud, de la ansiedad, del sentir del otro, de lo hecho… sólo otros instantes, otros momentos, el viento, el soplar del viento conseguirá esparcir esas cenizas.

Ese viento que trae brisa, esa brisa suave y acariciadora capaz de calmar el ardor del fuego.

Besos Ignacio.
.

TOROSALVAJE dijo...

Ohhhhhhh!!!!!!!, sublime, se me cae la cara de vergüenza al felcitarte por un poema tan doloroso, pero me es igual, el poema es una maravilla, y en cuánto al dolor ruego para tranquilizar mi conciencia que haya desaparecido.

Besos.

MARIA dijo...

.
Tranquilo Toro, tal como le comenté a Ignacio, cada instante puede ser una vida, por tanto me quedan todavía algunas más y habiendo brisas como vosotros, suaves y acariciadoras supongo que de momento no hay peligro de extinción.

Besos.

María

Luka dijo...

¿Quién puede doblar la impaciencia?
¿Quién sujetar la impulsividad?
¿Cómo contener lo incontenible?
¿Cómo dominar la ansiedad?

Son preguntas que me rondan tambien a mi la cabeza ultimamente, y que no sé como responder...
Cuando encuentres las respuestas, te rogaria que las compartieses.

Gracias por escribir sentimientos tan hondos, por esa sinceridad y valentía al mostrarlos.

Un abrazo.

MARIA dijo...

Estimada Luka, no sé si existen respuestas a esas preguntas y algunas otras de ese mismo estilo.

Sinceramente creo que para cada uno de nosotros los interrogantes se nos presentan de muy distinta forma y las posibles soluciones de unos no sirven para otros. Pero como siempre darse cuenta de esas limitaciones es todo un avance.

Gracias por tu visita a este blog de "locos".

Un abrazo.

Juan de la Cruz Olariaga dijo...

Mi querida Maria, quise entrar con tiempo para leer cada uno de tus textos, limpios, claros, profundos, tristes y dolorosos, llegan donde van dirigidos, pero aún así son bellos, como todas las cosas que uno hace con sentimiento. Me siento a gusto e identificado un poco en cada uno y eso me gusta, porque reafirma que no estamos solos, sino mas que nunca juntos. Me tendrás mas que seguido, y si me permitís te pondré en mis Recomendados, simplemente porque así lo siento. Te beso María (tenés un bello nombre, con historia y recuerdos) hasta la próxima.

MARIA dijo...

Gracias Juan por tu paso, por tus palabras. Los hondos sentimientos siempre son una mezcla de alegría y tristeza, de amor y dolor, de día y de noche.

Vivir la vida es vivir los contrastes desde una mirada, la del corazón que los siente, y tú entiendes de miradas.

Un abrazo.

Manuel dijo...

Sólo al ser conscientes de nuestros actos, de nuestros errores, al reconocerlos, podemos salir de esa rueda, la libertad existe, lo que pasa que preferimos una vida predecible, también debemos aceptarnos tal y cómo somos, creo que es la manera de como se puede cambiar, de mejorar, de sentirnos mejor con nosotros mismos y con los que nos rodean... Suena muy bien, me recordo a la rueda del samsara...

MARIA dijo...

A veces, amigo Manuel, reconocernos no es suficiente cuando reincidimos una y otra vez en nuestras debilidades, lo que sí es cierto que el aceptarnos nos facilita mucho el camino para mejorar y para cambiar.

Gracias por tus reflexiones.

Un abrazo.